Parte 2 — Lo que sientes tampoco define quién eres
Si en la primera parte hablamos de cómo nuestra historia influye en la manera en la que vemos y reaccionamos ante los demás, hoy quiero llevar esta reflexión un paso más hacia dentro. Porque hay algo que hacemos muchas veces después de juzgar al otro: nos juzgamos a nosotros mismos por lo que hemos sentido.
Alguien nos provoca rechazo y pensamos: ¿Cómo puedo sentir esto?
Nos enfadamos y pensamos: Soy una persona demasiado negativa. Sentimos miedo y pensamos: Después de todo lo que he trabajado en mí, no debería reaccionar así. Y entonces ocurre algo curioso. Primero convertimos nuestra percepción en una sentencia sobre el otro. Y después convertimos nuestra emoción en una sentencia sobre nosotros.
«Él es así.» «Yo soy así.»
Pero ¿y si ninguna de las dos cosas fuera toda la verdad? Quiero compartir contigo un ejercicio que recuerdo especialmente de mis comienzos en este camino de crecimiento personal. Una chica nos propuso un ejercicio muy sencillo, pero que me hizo pensar muchísimo. Nos pidió que imagináramos una Coca-Cola.
Y entonces nos preguntó: ¿Qué sientes cuando piensas en ella?
Las respuestas fueron muy diferentes. A algunas personas les producía rechazo porque no les gusta. A otras, placer. A otras, indiferencia. Incluso puede despertar recuerdos, ganas, nostalgia o simplemente nada.
La Coca-Cola era la misma. Lo que cambiaba era lo que despertaba en cada persona.
Y ahí estaba la enseñanza. Porque muchas veces nos pasa algo parecido con nuestras emociones.
Ante una misma situación, dos personas pueden sentir cosas completamente diferentes. Y lo que sentimos es real, pero lo que sentimos no necesariamente es toda la realidad de lo que está ocurriendo.
Por eso hay una diferencia enorme entre decir: «Soy rabia.» y decir: «Estoy sintiendo rabia.» La primera frase convierte una emoción en una identidad. La segunda reconoce algo muy diferente:
Estoy sintiendo una emoción que está pasando por mí, pero esa emoción no define quién soy. Y esto cambia mucho la manera en la que podemos empezar a mirarnos. Entre: Soy una persona horrible por sentir rechazo. y Estoy sintiendo rechazo ante esta situación.
Entre: Soy miedo y Ahora mismo estoy sintiendo miedo.
La emoción es real. No tenemos que negarla. Pero una emoción no contiene todo lo que somos. Y aquí aparece una herramienta que para mí es fundamental:
Ponerle nombre a lo que sentimos.
Porque mientras solamente decimos:
Estoy mal.
Estoy fatal.
Esta persona me pone de los nervios.
todo parece mezclado. Pero cuando podemos parar y decir:
Estoy sintiendo decepción. Estoy sintiendo rabia. Estoy sintiendo miedo.Estoy sintiendo rechazo. ya hemos empezado a observar.
Y cuando observamos, aparece un pequeño espacio entre nosotros y la emoción. Podemos preguntarnos:
¿Qué ha activado esto en mí? ¿A qué experiencia de mi historia puede estar conectado?¿Qué estoy interpretando?¿Qué necesito ahora?
Quizás descubramos que esta emoción tiene mucho que ver con nuestra historia y no solamente con lo que acaba de ocurrir. Eso no significa que la emoción sea falsa. Significa que podemos comprenderla. Y cuando empezamos a comprenderla, podemos elegir qué hacer con ella.
🌿 El ritual de recordar que una emoción no eres tú
Cuando aparezca una emoción intensa, no intentes hacer que desaparezca inmediatamente.
Primero: PARA. Después: RESPIRA.
Puedes utilizar Grounding como una señal para volver al cuerpo, sentir tus pies, tus manos y recordar que estás aquí, en este momento. Después puedes acompañarte con Lavanda, creando un espacio de calma para observar lo que está pasando sin luchar contra ello.
Y pregúntate: ¿Qué siento exactamente?
No busques la respuesta que debería ser. Busca la que realmente está ahí. Ponle nombre. Y después cambia conscientemente la frase.
No digas: Soy rabia. Di: Estoy sintiendo rabia.
No digas: Soy rechazo. Di: Estoy sintiendo rechazo.
Y añade: Esta emoción está en mí, pero no es todo lo que soy.
Quédate unos instantes ahí. Sin justificarte. Sin castigarte. Sin intentar convertirte en una versión perfecta de ti. Solo observando. Porque puedes sentir rechazo sin ser rechazo. Puedes sentir rabia sin ser una persona rabiosa. Puedes sentir miedo sin ser una persona miedosa. Puedes equivocarte respecto a alguien y seguir aprendiendo a mirar. Puedes sentir algo que no te gusta y seguir siendo una persona que está creciendo. Y quizá este sea uno de los mayores regalos de aprender a conocernos:
no tener que convertir cada pensamiento, cada reacción o cada emoción en una definición de quién somos.
Hoy puedes sentir una cosa. Mañana puedes comprender algo diferente. Y pasado mañana puedes mirar aquello desde otro lugar. Eso también es crecer. Así que la próxima vez que una emoción te remueva, prueba algo muy sencillo:
PARA. NOMBRA. RESPIRA. OBSERVA.
Y recuerda:
Lo que siento no define quién soy. Porque quizá esa emoción tenga algo que enseñarte. Pero no tiene que convertirse en tu identidad. Esta es la segunda parte de la serie «Lo que sientes y lo que eres.






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