Lo que sientes y lo que eres

Parte 1 — Lo que veo de ti no es toda la verdad

Hay algo que me ha dado mucha paz comprender: cada uno de nosotros mira, siente, vive y reacciona ante el mundo desde el lugar en el que ha aprendido a vivirlo. No vemos solamente lo que está delante de nosotros.

También reaccionamos de acuerdo con nuestras experiencias, nuestros recuerdos, nuestras heridas, nuestras expectativas, nuestras creencias y todo aquello que nuestra historia ha ido guardando.

Todo eso forma parte de nuestra memoria interna y, muchas veces sin darnos cuenta, influye en la manera en la que interpretamos una situación y en la respuesta que damos ante ella. Por eso dos personas pueden vivir exactamente la misma situación y reaccionar de maneras completamente diferentes.

Una puede sentirse herida. Otra puede sentirse tranquila. Una puede interpretar una actitud como rechazo. Otra puede no darle ninguna importancia. No porque una esté necesariamente equivocada y la otra tenga la verdad, sino porque cada una está reaccionando desde una historia diferente.

Entender esto no significa justificar nuestras reacciones. Significa empezar a comprender de dónde vienen.

Y cuando empiezas a comprenderlo, aparece algo que para mí es profundamente liberador: lo que yo pienso de ti no es toda la verdad de quien eres.

Porque a veces alguien hace algo que nos molesta y rápidamente aparece una conclusión:

«Es que es así.»

«Siempre hace lo mismo.»

«No puedo con esta persona.»

«Me ha decepcionado.»

Y sin darnos cuenta convertimos una percepción en una sentencia. Pero una percepción no puede contener a una persona entera.

Lo que yo alcanzo a ver de ti no es todo lo que tú eres.

No conozco toda tu historia. No sé todo lo que has vivido. No sé qué hay detrás de cada una de tus reacciones. Y tú tampoco conoces todo lo que hay detrás de las mías. Esto no significa que tengamos que justificar comportamientos que nos hacen daño, aguantar aquello que no queremos o dejar de poner límites.

Podemos poner límites y, al mismo tiempo, dejar de creer que nuestra percepción contiene toda la verdad sobre el otro.

Qué descanso cuando dejamos de necesitar tener siempre la razón sobre alguien. Cuando podemos cambiar:

«Esta persona es así.» por: «Ahora mismo yo estoy viendo a esta persona así.»

«Ahora mismo yo estoy viendo a esta persona así.»

Parece una pequeña diferencia. Pero dentro de ella hay muchísimo espacio. Espacio para escuchar. Para preguntar. Para equivocarnos. Para descubrir. Para cambiar nuestra mirada.

Y también para reconocer algo todavía más profundo: quizás aquello que tanto me está removiendo de esta persona está tocando algo de mi propia historia. Por eso hoy quiero proponerte una pausa. No para cuestionar todo lo que sientes. Sino para aprender a observarlo antes de convertirlo en una verdad definitiva.

🌿 El ritual de dejar espacio

Cuando alguien provoque en ti una reacción fuerte, antes de responder, PARA. No necesitas resolver nada en ese instante. Busca unos segundos para ti. Puedes utilizar Incienso, uno de mis grandes aliados en esos momentos en los que necesito parar, respirar y volver a observar desde otro lugar.

Respira. Y pregúntate: ¿Qué estoy viendo? Después: ¿Qué estoy sintiendo? Y aquí hay algo importante: ponle nombre a la emoción.

¿Es enfado? ¿Rechazo? ¿Decepción? ¿Miedo? ¿Impotencia? ¿Tristeza?

Nombrarla no hace que desaparezca. Pero te ayuda a identificarla. Y cuando puedes identificar lo que estás sintiendo, ya no tienes que dejar que la reacción hable por ti automáticamente.

Entonces pregúntate: ¿Estoy confundiendo lo que percibo con toda la verdad?

Y repite lentamente: «Lo que veo y lo que siento no es toda la verdad.»

No necesitas cambiar inmediatamente de opinión. No necesitas convencerte de que esa persona es maravillosa. No necesitas dejar de sentir lo que sientes. Solo necesitas dejar un espacio para aquello que todavía no puedes ver. Porque quizás hoy sigas sintiendo rechazo. Quizás sigas enfadada. Quizás necesites poner un límite. Y todo eso puede seguir siendo válido. La conciencia no consiste en dejar de sentir.

Consiste en no convertir automáticamente lo que siento en una sentencia definitiva.

Quizás no necesitas mirar a esa persona de otra manera hoy. Quizás solamente necesitas recordar que todavía hay cosas que no puedes ver.

Y eso también es aprender a mirar. Esta es la primera parte de la serie «Lo que sientes y lo que eres».

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