Cambia tu lenguaje, cambia la forma en la que te hablas

Parte 2 — Cómo te hablas

Las palabras que más escuchas durante el día son, muchas veces, las tuyas. ¿Qué te estás diciendo?

Desde que los aceites esenciales llegaron a mi vida, he aprendido muchas cosas. A escucharme. A parar. A crear pequeños rituales. A observar cómo me siento antes de empezar el día. Y también a prestar más atención a algo que antes pasaba mucho más desapercibido: la forma en la que me hablo.

Porque podemos cuidar lo que comemos, lo que ponemos sobre nuestra piel, lo que respiramos en casa y los productos que utilizamos…

Pero después podemos pasar todo el día hablándonos de una manera que jamás utilizaríamos con alguien a quien queremos.

“Soy un desastre.”

“No puedo con todo.”

“No tengo tiempo para mí.”

“Siempre me pasa lo mismo.”

“Qué mal lo hago.”

Y quizá el primer paso no sea intentar pensar siempre en positivo. Quizá sea simplemente empezar a escucharnos.

¿Cómo te hablarías si fueras tu mejor amiga?

Imagínate que una persona a la que quieres mucho está teniendo un día difícil.

¿Le dirías?

“Eres un desastre.”

“No puedes con nada.”

“Siempre haces lo mismo.”

Probablemente no. Seguramente intentarías comprenderla, animarla y ayudarla a encontrar una salida.

Entonces… ¿por qué muchas veces somos mucho más duras con nosotras mismas?

Cambiar la forma en la que te hablas no significa engañarte ni repetir frases bonitas que no sientes. Significa aprender a utilizar contigo unas palabras que te ayuden a avanzar. Cambiar una frase puede cambiar una mirada

Prueba a observar esas frases automáticas que aparecen durante el día.

“No puedo con todo.”

Puedes cambiarla por: “Voy paso a paso y hago espacio para lo importante.”

No necesitas resolver toda tu vida hoy. Solo necesitas decidir cuál es el siguiente paso.

“Soy un desastre.”

Puedes cambiarla por: “Estoy aprendiendo, creciendo y cada día lo hago un poquito mejor.”

Un error no define quién eres. Es simplemente algo que ocurrió y de lo que puedes aprender.

“No tengo tiempo para mí.”

Puedes cambiarla por: “Voy a buscar un pequeño momento para cuidarme.”

No siempre necesitas una tarde entera. A veces pueden ser cinco minutos. Cinco minutos para respirar. Para aplicarte tu crema. Para disfrutar de un aroma. Para sentarte en silencio. Para volver a ti.

“Siempre me pasa lo mismo.”

Aquí quiero proponerte algo diferente. En lugar de intentar buscar rápidamente una frase positiva, pregúntate: “¿Qué tengo que aprender de esto que se está repitiendo?”

Porque cuando algo aparece una y otra vez en nuestra vida, quizá merezca la pena detenernos a observarlo.

  • ¿Qué patrón estoy repitiendo?
  • ¿Qué estoy permitiendo?
  • ¿Qué necesito cambiar?
  • ¿Qué me está intentando enseñar esta situación?

A veces la respuesta no aparece inmediatamente. Y está bien. Lo importante es empezar a hacerte preguntas diferentes.

Un pequeño ritual para cambiar la forma en la que te hablas

Aquí es donde los aceites esenciales pueden convertirse en ese pequeño momento de pausa que tanto necesitamos.

No necesitas un ritual complicado. Elige un aceite que te guste y que sientas que encaja contigo en ese momento. Aquí te ponemos estos dos como ejemplo: Stress Away y Geranio.

Pero si eres aceitera, ya sabes que, cuando aprendes a escucharte, tu cuerpo también puede guiarte hacia el aceite que más necesitas en ese momento. Porque ellos también nos enseñan a escucharnos, pero esta vez desde dentro. 🌿

Coloca una pequeña cantidad en tus manos según el uso indicado para ese aceite, respira su aroma y haz tres respiraciones lentas.

Y entonces pregúntate: ¿Cómo me estoy hablando hoy? Sin juzgarte.

Solo escucha. Si aparece una frase que te limita, prueba a transformarla.

Por ejemplo: “No llego a todo.”

Respira. Y cambia la frase: “Voy paso a paso y hago espacio para lo importante.”

Vuelve a respirar. No se trata de repetirlo cien veces hasta convencerte. Se trata de empezar a crear una nueva manera de responderte.

Haz este ejercicio durante un día

Te propongo algo muy sencillo. Durante un día entero, escucha tu propio lenguaje. Cada vez que te sorprendas diciéndote algo negativo, no te castigues por ello. Simplemente detente. Observa la frase. Y pregúntate:

¿Cómo podría hablarme de una manera más amable y más útil?

Quizá al principio te sorprenda descubrir la cantidad de veces que utilizamos palabras duras con nosotras mismas sin darnos cuenta.

Pero cuanto más las observes, más fácil será empezar a cambiarlas. Y paso a paso, esas nuevas palabras pueden convertirse en una nueva forma de relacionarte contigo.

Hablarte bonito también es cuidarte

Para mí, esto también forma parte de aprender a vivir de una manera más consciente. Cuidarte no es solamente lo que pones sobre tu piel. No es solamente lo que comes. No es solamente el aceite que eliges.

También es la voz que te acompaña durante todo el día. Y esa voz eres tú. Por eso quiero dejarte una frase:

Hablarte bonito no significa decirte que todo está bien. Significa aprender a acompañarte incluso cuando las cosas no lo están.

Porque habrá días difíciles. Días en los que te equivoques. Días en los que estés cansada. Días en los que sientas que no llegas. Y precisamente en esos días es cuando más necesitas estar de tu lado. Quizá no puedas elegir todo lo que ocurre a tu alrededor. Pero sí puedes empezar a elegir las palabras con las que te cuentas lo que ocurre.

Y recuerda: Las palabras que más escuchas durante el día son, muchas veces, las tuyas.

¿Qué te estás diciendo?

🌿 Cuida también la forma en la que te hablas. Vas a pasar toda la vida contigo.

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