Parte 1 — La energía que pones en tu día
Donde pones tu energía, pones tu atención. Y aquello a lo que prestas atención empieza a ocupar más espacio en tu vida. 🌿
Durante mucho tiempo no fui consciente de cuánto influía la manera en la que empezaba mi día en la forma en la que después vivía todo lo que me ocurría.
Desde que los aceites esenciales llegaron a mi vida y empecé a integrarlos en pequeños rituales cotidianos, algo empezó a cambiar.
No porque los aceites hagan magia.
Sino porque me enseñaron a parar, escucharme y prestar atención a cómo estoy antes de salir al mundo. Y quizá ahí comenzó todo.
Empezar el día desde otro lugar
Al despertarme, intento no levantarme directamente pensando en todo lo que tengo que hacer.
Primero agradezco que empieza un nuevo día.
Abro la ventana.
Respiro.
Y muchas veces cojo un aceite esencial. No siempre el mismo. A veces elijo uno porque me apetece su aroma y otras porque siento que necesito algo concreto. Y sí, con el tiempo también aprendes a escucharte. A reconocer qué aroma te llama en cada momento y qué necesitas tú.
Entonces me siento unos minutos, hago unas respiraciones y agradezco. No necesito una hora de meditación ni un ritual complicado. A veces son simplemente unos minutos. Pero esos minutos hacen que mi día empiece de otra manera.
También aprendí a agradecer lo cotidiano
Después bajo y preparo mi vaso de agua. Y algo tan sencillo como beber agua puede convertirse en un pequeño momento de consciencia. Lo tomo entre mis manos, respiro y agradezco poder tenerlo. Mientras bebo, intento sentir algo que normalmente hacemos de manera automática: que estoy hidratando mi cuerpo y cuidándolo.
Puede parecer una tontería. Pero cuando empiezas a prestar atención a las pequeñas cosas, dejan de ser tan pequeñas.
Cuidarme también es una forma de poner atención en mí
Después llega el momento de arreglarme. Lavarme la cara. Sentir el agua fresca. Despertarme. Elegir qué ponerme. Y agradecer que tengo ropa que ponerme, agua para asearme y tiempo para cuidarme. Antes de empezar el día también suelo hacer una meditación. Y muchas veces vuelvo a elegir un aceite. O mantengo el mismo que había elegido al despertar. En otras ocasiones he hecho protocolos que para mí se han convertido en momentos muy especiales, como Feelings. No siempre hago exactamente lo mismo. Y creo que precisamente ahí está una de las cosas bonitas que he aprendido: no todos los días necesitamos lo mismo.
Salir al jardín también forma parte de mi ritual
Cuando ya estoy lista, salgo a mi jardín. Saludo a mis plantas. A mis peces. Y hasta a los pajaritos que parecen venir a darme los buenos días. Puede sonar extraño para algunas personas. Para mí es simplemente una manera de reconocer todo lo que forma parte de mi vida. Porque cuando empiezas a observar, empiezas también a agradecer. Y cuando agradeces, tu atención cambia.
Incluso mi coche forma parte de esta manera de vivir
Cuando me siento en mi coche, antes de arrancar, le doy las gracias. Gracias por estar siempre listo para llevarme. Por acompañarme. Por ayudarme a llegar a donde necesito. Después utilizo mi spray de buenas vibras y hago mi pequeña petición de protección para poder volver a casa sana y salva. No porque piense que un ritual pueda sustituir la responsabilidad, la prudencia o el mantenimiento del coche. Sino porque me ayuda a comenzar el trayecto con una intención diferente. Y eso sí está en mis manos.
Cuando llego a mi trabajo
Al abrir la puerta de mi negocio también intento parar un segundo. Agradezco por lo que he construido. Por poder trabajar en algo que forma parte de mi vida. Por las personas que entran por esa puerta. Y por tener la posibilidad de ayudar a alguien que pueda necesitarme. No todos los días son fáciles. Por supuesto que hay cansancio, problemas, preocupaciones y días en los que nada sale como esperaba. Pero precisamente por eso estos pequeños rituales tienen sentido para mí. Porque no se trata de vivir en un estado permanente de felicidad. Se trata de recordar dónde quiero poner mi atención.
Y cuando vuelvo a casa…
Al abrir la puerta, vuelvo a hacer algo muy sencillo: bendigo mi hogar. Agradezco mi casa. Cada espacio. Todo aquello que me espera dentro. Todo lo que hace que cuando llego pueda sentir: “Estoy en casa.” Y entonces entendí algo. Quizá bendecir nuestras cosas no tenga tanto que ver con las cosas. Tiene que ver con la relación que tenemos con ellas. Porque podemos mirar nuestro coche y pensar:
“Otra vez gastando dinero.”
O podemos pensar:
“Gracias por llevarme cada día.”
Podemos mirar nuestra casa y ver todo lo que tenemos pendiente. O podemos detenernos un segundo y agradecer tener un lugar al que volver. Podemos mirar una planta que está perdiendo sus hojas y pensar:
“Esta planta no hay manera de que sobreviva.”
O podemos preguntarnos:
“¿Qué necesita?”
La situación es la misma.
Lo que cambia es nuestra mirada
Lo que los aceites esenciales me han enseñado
Los aceites esenciales no me han enseñado a controlar lo que ocurre a mi alrededor. Me han enseñado algo mucho más importante: a detenerme, escucharme y elegir desde dónde quiero vivirlo. Y quizá eso sea también lo que significa cuidar nuestra energía. No podemos controlar todo lo que ocurre durante el día. Pero sí podemos empezar a ser más conscientes de aquello a lo que prestamos nuestra atención. Porque donde pones tu atención, pones tu energía. Y aquello que alimentas con tu atención empieza a ocupar más espacio en tu experiencia.
Un ejercicio para cuando algo no salga como esperabas
Quiero dejarte un pequeño ejercicio para probarlo tú misma.
La próxima vez que ocurra algo que consideres malo, antes de reaccionar, detente y busca tres maneras diferentes de mirar esa situación. Imagina que se te pincha una rueda del coche.
Tu primera reacción puede ser:
“¡Qué mala suerte! Ahora llegaré tarde, tendré que llamar a la grúa y seguramente me costará dinero.”
Es normal.
Pero prueba a buscar otras tres miradas.
1. ¿Qué puedo agradecer?
- “Gracias a Dios que no ha pasado nada. He podido apartarme al arcén y estoy a salvo.”
- “Mi móvil tiene batería para poder llamar a la grúa y avisar de que voy a llegar tarde.”
2. ¿Qué puedo aprender?
- Quizá sea el momento de revisar los neumáticos.
- Quizá necesitas recordar que no todo está bajo tu control.
- O quizá simplemente puedas aprender a reaccionar con un poco más de calma ante los imprevistos.
3. ¿Qué otra posibilidad existe?
- Quizá esto sea simplemente un inconveniente.
- Quizá dentro de unos días ni siquiera le des importancia.
- Quizá esta situación te haya evitado estar unos kilómetros más adelante cuando podría haber ocurrido cualquier otra cosa.
No necesitas encontrar una explicación mágica.
Solo necesitas recordar que una misma situación puede observarse desde diferentes lugares. Y eso puede cambiar completamente la manera en la que la vivimos. Prueba a hacerlo durante una semana Cada vez que algo te moleste, te frustre o no salga como esperabas, haz una pausa.
Respira. Y pregúntate:
¿Qué puedo agradecer?
¿Qué puedo aprender?
¿Qué otra manera existe de mirar esto?
No se trata de negar lo que sientes. No se trata de obligarte a pensar en positivo. Se trata de darte unos segundos antes de reaccionar para poder elegir desde dónde quieres vivir lo que está ocurriendo. Porque quizá no podamos decidir todo lo que llega a nuestro día. Pero sí podemos empezar a decidir qué energía ponemos en aquello que nos toca vivir.
Y para mí, eso es una de las cosas más bonitas que me han enseñado los aceites esenciales. No a cambiar el mundo que me rodea. Sino a cambiar paso a paso, la forma en la que yo lo habito.
¿Qué energía estás poniendo en tu día a día?
Cuídala. 🌿


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