Hay un momento en todo proceso de transformación en el que ocurre algo curioso Empiezas a cambiar. No porque un día te levantes siendo otra persona.
Sino porque poco a poco empiezas a hacer cosas diferentes. Empiezas a escucharte más. A cuestionarte creencias que llevabas años repitiendo. A darte permiso para elegir distinto. Y entonces pasa algo que quizás no esperabas: las personas de tu alrededor empiezan a notar ese cambio. Pero no siempre reaccionan como imaginabas.
Porque muchas veces pensamos que cuando nosotros mejoramos, cuando empezamos a cuidarnos, a crecer y a conectar con nosotros mismos…todo el mundo lo va a celebrar. Y la realidad es que no siempre es así. Porque las personas que nos rodean también estaban acostumbradas a una versión nuestra.
A la persona que siempre decía que sí. A la que aguantaba más de lo que podía. A la que se adaptaba para no incomodar.A la que reaccionaba desde el miedo, la culpa o la necesidad de aprobación. Y cuando esa versión empieza a desaparecer…algo cambia también en la relación con los demás.
A veces aparecen frases como:
“Estás diferente”.
“Antes no eras así”.
“Te has vuelto demasiado sensible”.
“Ahora parece que todo te molesta”.
Y durante un momento puedes llegar a preguntarte:
“¿Estaré haciendo algo mal?”
Pero quizás la pregunta es otra:
¿Estoy dejando de ser yo…
o estoy dejando de ser la persona que aprendí que tenía que ser? Porque muchas veces no estamos cambiando nuestra esencia. Estamos soltando capas.
Capas creadas por experiencias, creencias, miedos y patrones que aprendimos para adaptarnos. Y aquí hay algo muy importante: nuestro cerebro busca lo conocido. Aunque lo conocido no siempre sea lo mejor para nosotros. Durante años hemos funcionado desde automatismos: formas de pensar, de reaccionar y de relacionarnos que nuestro sistema aprendió como una manera de protegernos.
Por eso cuando empiezas a vivir diferente, tu cuerpo también necesita tiempo para adaptarse. No solo estás cambiando una conducta. Estás enseñándole a tu mente y a tu sistema nervioso que existe otra forma de vivir.
- Una forma donde no todo tiene que ser lucha.
- Donde no todo tiene que ser exigencia.
- Donde puedes elegir desde la calma y no desde la supervivencia.
Y en ese proceso, los aceites esenciales han sido grandes compañeros para mí. Porque cambiar no solo consiste en saber qué quieres dejar atrás…también necesitas herramientas que te ayuden a sostener la nueva versión que estás creando.
- Valor me ha acompañado en esos momentos donde necesitaba confiar en mí, atreverme y recordar mi fuerza interior.
- Awaken para conectar cada mañana con una intención diferente y empezar el día desde la consciencia.
- Incienso para volver al centro, parar y recordar que mi camino es mío.
- Grounding para regresar al presente cuando la mente busca respuestas fuera.
- Y Acceptance, para esos momentos donde toca aceptar que no todas las personas van a entender tu proceso.
Y eso está bien. Porque tu transformación no necesita la aprobación de todos para ser válida.
A veces crecer significa dejar de buscar permiso para ser quien realmente eres. No eres un bicho raro. Estás dejando los patrones implantados.Estás aprendiendo una nueva manera de vivir. Y quizás las personas que hoy no entienden tu cambio…mañana sean las que vean la paz que has construido. Porque cuando tú cambias por dentro…tu realidad empieza a cambiar por fuera. Y ese también es parte del camino.








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