Gratitud cuando la vida aprieta

Cuando hablamos de gratitud, muchas personas piensan que solo se puede practicar cuando todo va bien. Cuando la vida fluye, cuando hay calma, cuando no duele nada. Pero la verdadera transformación ocurre cuando aprendemos a llevar la gratitud también a los momentos difíciles.

Este enfoque no va de negar lo que duele ni de ponerse frases bonitas encima del malestar. Va de volver a ti incluso cuando la vida aprieta, de salir del modo supervivencia y elegir conscientemente desde dónde quieres vivir lo que está pasando.

Gratitud no es negar lo que sientes

Puedes estar cansada, triste, enfadada o desbordada… y aun así practicar gratitud. No por lo que está pasando, sino por cómo te sostienes mientras pasa.

Agradecer que sigues aquí.
Agradecer tu cuerpo por aguantar.
Agradecer haber pedido ayuda.
Agradecer haberte escuchado un poco más que ayer.

La gratitud, en estos momentos, no mira hacia fuera. Mira hacia dentro. Te devuelve a tu centro y te recuerda que tú sigues siendo tu brújula, incluso en medio del caos.

Volver al cuerpo en los días difíciles

Cuando algo nos supera, la mente se acelera y el cuerpo entra en alerta. Ahí es donde más necesitamos parar.

Pregúntate:

  • ¿Qué estoy sintiendo ahora mismo?
  • ¿Dónde lo noto en el cuerpo?
  • ¿Qué necesito en este momento?

Solo con hacerte estas preguntas, ya estás saliendo del automático y volviendo a ti.

Salir del modo queja

Nos han educado, muchas veces sin darnos cuenta, para vivir en el modo queja. A poner el foco en lo que falta, en lo que no salió bien, en lo que duele o molesta. Nuestro cerebro, por naturaleza, recuerda con más facilidad lo negativo que lo positivo. No porque seamos pesimistas, sino porque así aprendió a protegernos.

Incorporar la gratitud es una forma consciente de reeducarnos. De enseñarle poco a poco a la mente a mirar también lo que sí está, lo que sí funciona, lo que nos sostiene incluso en medio de la dificultad.

No se trata de negar lo que va mal, sino de ampliar la mirada. De salir del bucle de la queja constante y empezar a entrenar una percepción más equilibrada, más amable contigo y con la vida. Cada vez que eliges agradecer algo, por pequeño que sea, estás creando una nueva forma de vivir, más conectada con tu ser y menos atrapada en el automático.

Una práctica sencilla de gratitud consciente

Busca un momento de pausa. Puede ser sentada, tumbada o incluso de pie.

Coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen. Respira profundo por la nariz y suelta lentamente por la boca.

Ahora nombra en silencio algo que puedas agradecer, incluso en este momento. No tiene que ser grande. Puede ser algo tan simple como estar respirando, haber parado o haberte permitido sentir.

Permanece ahí unos instantes.

El apoyo de los aceites esenciales

En los momentos difíciles, los aceites esenciales pueden ser un gran apoyo. No solo por sus propiedades terapéuticas, sino porque te ayudan a parar, sentir y acompañarte.

Elige un aceite que te sostenga (lavanda, naranja, incienso, el que sientas). Aplícalo en las manos, inhala profundamente y deja que ese aroma te acompañe mientras conectas con la gratitud.

El aceite, la respiración y la conciencia trabajando juntos le enseñan al cuerpo que, aunque la vida apriete, hay espacio para la calma.

Gratitud como hábito que te sostiene

Practicar gratitud en los momentos difíciles no hace que la vida sea más fácil, pero sí hace que tú estés más presente, más conectada contigo y con más recursos internos. Es un hábito que se entrena poco a poco. Sin prisas. Sin exigencia.

Y si quieres empezar a trabajarlo de forma guiada, he creado un PDF del Diario de Gratitud, pensado para acompañarte día a día, semana a semana, también en esos momentos donde más lo necesitas.

Es un diario muy sencillo y práctico, creado para que puedas empezar a practicar la gratitud de verdad, sin complicaciones. En él te voy guiando día a día, con frases motivadoras que, solo con leerlas, ya comienzan a cambiar tu estado de ánimo.

Incluye mandalas y pequeños espacios de pausa para que puedas incorporar otras técnicas que ayudan a bajar el estrés diario y a reconectar contigo.

Y algo muy importante: cuando escribes tu diario de gratitud durante 21 días seguidos, la gratitud empieza a convertirse en un hábito. Un hábito que, casi sin darte cuenta, comenzarás a aplicar en tu día a día, en tu forma de mirar la vida y de vivirla.

La gratitud no es solo para los días buenos. Es una forma de vivir que te devuelve a ti, incluso cuando todo se mueve.

Si este post te ha resonado, compártelo con alguien que esté pasando un momento difícil y pueda necesitar este enfoque. Te dejo aquí abajo el PDF del diario de Gratitud por si lo quieres descargar.

Deja un comentario