El amor también es dejar de exigirte

Nos han enseñado que amar es hacer, sostener, poder, avanzar. Que amar es estar bien, ser fuerte, tener respuestas. Pero pocas veces nos hablaron de una verdad mucho más simple (y mucho más humana): el amor también es aceptación.

Aceptar cuando estás cansada. Aceptar cuando estás triste, enfadada, perdida o simplemente sin ganas. Aceptar incluso cuando no sabes cómo cuidarte ni cómo “poner amor” a lo que estás viviendo. Esa honestidad contigo misma no es un fallo. Es uno de los actos de amor más profundos que existen.

A veces creemos que poner amor significa transformar lo que sentimos, elevarlo, comprenderlo o “arreglarlo”. Y sin darnos cuenta, convertimos el autocuidado en otra forma de exigencia. Como si incluso el descanso tuviera que ser productivo. Como si incluso el parar tuviera que tener sentido. Pero cuando el cuerpo está agotado, forzarlo a rendir no es valentía. Es desconexión. Y escuchar ese cansancio, sin intentar cambiarlo ni maquillarlo, es una forma muy real de amor.

Descansar con conciencia es decirte:
Soy valiosa aunque hoy no produzca.
Soy suficiente aunque no me sienta luminosa.
Me permito ser este ser cansado que soy ahora.

Hay algo profundamente sanador en dejar de juzgarte por cómo te sientes. Porque el amor no es un esfuerzo añadido. El amor aparece cuando dejas de pelearte contigo. Cuando sueltas la necesidad de hacerlo todo bien. Cuando te permites no saber. Cuando dejas de exigirte ser una “estudiante perfecta” de la vida. En ese espacio sin exigencia, algo se afloja. Y muchas veces, ahí es donde la paz te encuentra. Yo también he terminado etapas sintiéndome agotada y, aun así, feliz. Es una sensación extraña, pero muy reveladora. Porque incluso en el cansancio hay información. Incluso en los momentos difíciles hay algo que nos invita a conocernos mejor y, poco a poco, a caernos bien. Dejar de castigarte por lo que ocurre es un paso importante. No todo lo que pasa necesita corrección. Algunas cosas solo necesitan presencia.

Un pequeño ritual para volver a ti

Busca un momento para ti. Elige un aceite que te invite a bajar revoluciones. Aplícalo con calma. Actívalo entre tus manos. Inhala profundamente tres veces.

No pienses. No analices. No hagas nada más. Permite que tu mente baje, que tu sistema nervioso se relaje. Dile a tu cuerpo: es hora de parar, de descansar, de no pensar. Puedes acompañarlo con música, un audio que te guste, escribir, pintar… O simplemente permitirte no hacer nada. También eso está bien.

Los aceites como aliados en tu día a día

Los aceites esenciales no son solo para momentos puntuales.
Cuando los integras en tu vida, se convierten en aliados para todo.

Puedes usarlos para agradecer. Para bajar revoluciones. Para darte ánimo cuando lo necesitas. Para ayudarte a dormir mejor. Para acompañar tu sistema inmune. Para sostenerte emocionalmente.

Por eso, desde que llegaron a mi vida, están conmigo en todo momento. Los uso con tranquilidad: inhalo, los uso en difusor, los aplico directamente sobre mi piel. Forman parte de mi día a día, de mis pausas, de mis rituales, de mi forma de cuidarme.

Son regalos de la naturaleza que nos acompañan cuando elegimos vivir con más conciencia.

Porque vivir consciente no siempre es avanzar. A veces es parar. Escucharte. Aceptarte. Y recordarte que no necesitas fabricar ningún sentimiento especial para que tu vida, tal como es ahora, sea sagrada 🌿

Si este texto te ha resonado, dale like, compártelo con alguien que lo necesite y sigue leyéndonos en las próximas publicaciones, donde seguimos explorando cómo vivir con más conciencia, calma y conexión contigo misma.

Deja un comentario