Respirar parece lo más básico del mundo. Lo hacemos desde que nacemos y, aun así, la mayoría respiramos mal.
Respirar es la base de toda nuestra vida. Es la energía que impulsa nuestro cuerpo, nuestras células y nuestra mente. Podemos sobrevivir horas sin comer o beber, pero no podemos vivir sin respirar. Por eso, comprender cómo respiramos y tomar conciencia de ello es fundamental para cuidar nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestro bienestar general.
Cuando respiramos lento y profundo, le enviamos al cuerpo un mensaje de seguridad. Le indicamos que puede salir del estado de alerta constante, soltar tensión, relajarse y regularse, sin necesidad de estar siempre en modo supervivencia.
Cómo respiramos cuando vivimos en modo hacer
Cuando vivimos en modo hacer, el cuerpo está en alerta constante. La respiración se vuelve alta, rápida y corta. Apenas llega al pecho y casi nunca baja al abdomen. El mensaje interno es claro: hay prisa, hay que llegar, no hay tiempo para parar. Y el cuerpo responde como sabe: activando el sistema de supervivencia.
Respirar es una señal de seguridad
Cuando respiramos lento y profundo, le enviamos al cuerpo un mensaje de seguridad. Le indicamos que puede salir del estado de alerta constante, soltar tensión, relajarse y regularse, sin necesidad de estar siempre en modo supervivencia.
Una pequeña práctica para empezar
Existen muchos tipos de respiraciones. Aquí te voy a sugerir una muy sencilla para que empieces con pequeños cambios en tu día a día y así vayas incorporando estos hábitos que te ayudarán a bajar los niveles de estrés y a ir saliendo poco a poco del modo hacer para vivir con más conciencia.
Te propongo algo muy simple. No te llevará más de dos o tres minutos.
Para un momento. Siéntate o quédate de pie, como estés. Coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen.
Inhala por la nariz contando hasta cuatro, llevando el aire hacia la barriga. Exhala lentamente por la boca contando hasta seis.
Hazlo varias veces. Sin forzar. Sin buscar hacerlo “bien”. Solo observando.
Mira qué pasa en tu cuerpo. En tu mente. En tu ritmo.
El apoyo de los aceites esenciales
Aquí es donde los aceites esenciales cobran un papel muy importante. No solo como aliados, sino como esencias con un gran poder terapéutico que, combinadas con la respiración consciente, ayudan al cuerpo a bajar revoluciones, a regularse y a sentirse mejor de una forma natural y profunda.
Aquí lo importante es todo el conjunto: el aceite, la respiración y la conciencia. El aceite aporta su poder terapéutico, la respiración ayuda a regular el sistema nervioso y la conciencia aparece cuando te das cuenta de que algo no va bien, paras y haces la práctica completa.
En ese momento le estás enseñando a tu cuerpo que estás presente, que lo escuchas y que juntos os estáis ayudando a vivir de una forma más calmada y con menos estrés. Poco a poco, el cuerpo empieza a entender esas señales de cuidado que repites y te lo agradece respondiendo con más equilibrio y bienestar.
Una respiración consciente para antes de dormir
Hay días en los que, por mucho que queramos, no nos da tiempo a parar. Días realmente agitados en los que vamos en automático de principio a fin. Por eso, la noche puede convertirse en un gran aliado.
Antes de dormir, regálate unos minutos para ayudar a tu cuerpo a bajar los niveles de estrés y prepararse para el descanso. Túmbate en la cama, coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen.
Inhala por la nariz contando hasta cuatro. Retén el aire un par de segundos. Exhala lentamente por la boca contando hasta seis u ocho, como si soltaras todo el peso del día.
Repite varias veces, sin forzar. Permite que el cuerpo entienda que ya no tiene que estar en alerta, que puede relajarse, recuperarse y descansar. Esta respiración no es para hacerlo perfecto, es para acompañarte. Especialmente esos días en los que no pudiste parar durante el día.
El verdadero hábito
Respirar lo hacemos todo el tiempo, de forma innata. Lo que se entrena no es respirar, sino respirar bien, de forma consciente. Cuando empiezas a observar cómo estás respirando, te das cuenta de muchas cosas. De que muchas veces lo haces en automático, rápido y sin darte cuenta. Y ahí es donde entra el hábito: cuando lo notas, paras un momento y haces la práctica.
Fíjate también en algo muy común: ¿cuántas veces estás respirando por la boca sin darte cuenta? No es la mejor respiración ni para ti ni para tu cuerpo. Cuando lo notes, para y vuelve a respirar por la nariz, con presencia.
Otro punto importante es la mandíbula. Muchas veces acumulamos tensión ahí sin ser conscientes. Empieza a observarlo. Para un momento, abre la boca suavemente, libera la mandíbula e incluye unas respiraciones conscientes. Verás cómo poco a poco el cuerpo empieza a bajar tensiones.
No se trata de vivir más despacio siempre, ni de renunciar a los grandes momentos, porque claro que también transforman la vida. Se trata de saber cuándo parar y de cómo te acompañas en el día a día.
Porque lo que realmente sostiene y transforma no son solo los momentos grandes, sino estos pequeños gestos conscientes repetidos con amor.
Si este post te ha gustado, dale me gusta y acompáñanos en las próximas publicaciones. Y si conoces a algún amigo o amiga que vive en modo hacer, envíale este post: quizá le ayude a tomar conciencia y a incorporar pequeños hábitos que cambian la vida.




Deja un comentario